HISTORIA

La Hermandad palmerina del Santo Entierro hunde sus raíces en el siglo XVI. Del 16 de enero de 1600 se conserva el documento más antiguo conservado en nuestros días, tratándose de unas disposiciones testamentarias de D. Francisco Bellerín que se identificaba como viejo hermano de la Cofradía de la Soledad y Santo Entierro de Cristo, pidiendo en sus últimas voluntades que se le honre y oigan misas como tal hermano. De la misma manera en 1675 se renovarán unas Reglas de esta corporación, en la que textualmente, expresa que la misma existía desde tiempo inmemorial.

En aquellos primeros siglos, se destaca la misión de la Hermandad encaminada al sufragio misericordioso de los hermanos difuntos. Radicaba entonces en la Iglesia del Valle, poseyendo en su favor varias Capellanías mantenidas por influyentes familias palmerinas. Sin embargo, no estará ajena a épocas críticas, como la relatada para 1736 en los informes de la Archidiócesis Hispalense, buscándole solución con dos medidas: nombrar de mayordomo fiscalizador a D. Álvaro de la Piedra y revitalizar la devoción a la Señora a través de la influyente relación con la Orden Servita (de la que ya se conserva Rescripto de 1741).

Tras los sucesos del Terremoto de Lisboa, se celebra solemnes Te Deum a nuestros Sagrados Titulares promovidos por las potentadas familias que conformaban esta ilustre corporación. Apellidos en su nómina de hermanos, como los Moneva, Díaz-Ángel, Domínguez del Castillo, de Flores, Pérez-Rañón o Larios, serán los auténticos protagonistas directos de una reconstrucción inmediata tras los destrozos de 1755.

Siguiendo el siglo XIX, hay que seguir nombrando a hermanos, como D. Pedro Miguel Pérez y Limón (Presbítero y Mayordomo de esta Hermandad durante medio siglo), que le dedica a nuestra Amantísima Titular el primer Campo Santo a extramuros en el paraje de la Vega, o Dña. Catalina Díaz Mesa (distinguida por su noble ascendencia) que seguirán sosteniendo y derrochando todas sus fuerzas para la transmisión del carisma servita en esta Hermandad, conformando así a una corporación, donde se admiran tan históricos hermanos como la misma heroína local Marimarcos, bautizada como María Dolores (inscrita ya en 1812 en el Libro de Hermanos con la tradición de ser su propio padre Hermano Mayor), o Dª Amparo Díaz-Ángel y Mesa, viuda del señor del Mayorazgo que a finales del S. XIX dona el majestuoso manto juanmanuelino que luce la Santísima Virgen de los Dolores en sus procesiones (restaurado en 2016 en el taller astigitano de D. Jesús Rosado).

Ya en el siglo XX, con la absoluta entrega de D. Nazario Prieto, el mecenazgo de la ilustre familia Domínguez Rivera, la generosidad de Alfredo Rubio y el buen hacer de artistas como los escultores Santos Rojas (autor de María Santísima de los Dolores), Pinto Soldán (Hermano Honorario que esculpió el Santísimo Cristo de la Buena Muerte) o Moreno Daza (quién hizo el grupo escultórico del Santo Entierro y el anterior paso de misterio), el empuje de sucesivas Juntas de Gobiernos que levantó la Casa Hermandad en 1995, o que emprenden en 2006 la nueva ejecución del Paso de Cristo (con talla de Pineda García, dorado De Paz Encina o Imaginería de Sánchez del Pino, entre otros), o que aupó en la posguerra el desarrollo de las cuadrillas de costaleros tirando del mundo jornalero... componen un histórico capital humano muy superior a cualquier patrimonial que se precie.

Los beneficios espirituales son continuos en una trayectoria de siglos, destacándose, entre otras, las sucesivas Bulas de 1792 concedidas por S.S. Pio VI para alcanzar la remisión e indulgencias plenarias a todos los hermanos.

También el fervor hacia nuestros Sagrados Titulares ha dado siempre muestras de un importantísimo respaldo popular desde siglos atrás, como aquellas cargas perpetuas originadas en 1728 sobre la finca Huerta El Cortinal que soportaba la arroba de aceite que los alumbraban y la misa de sufragio del día de S. Lorenzo en su altar, o más recientemente el Cabildo General de Hermanos del 20 de marzo de 2018 por el que se aprueba unánimemente la solicitud de Coronación Canónica de María Santísima de los Dolores. Además de la notoria popularidad, hay que mencionar su refrendo municipal, por el que se da nombre a dos céntricas calles en honor de nuestros venerados Titulares.

Nuestra erección Servita en la Parroquia de San Juan Bautista fue concedida en Roma el 10 de julio de 1820, siendo esta histórica Archicofradía Servita también reconocida por la que fuera Provincia de España de la O.S.M. como Grupo Laico Servita (2012).  Activamente se integra en la Familia Servita de Ordenes Seglares de Andalucía, siendo anfitriones de su XX Encuentro de Pascua, y así mismo también pertenece a la Confederación de Hermandades de la Soledad, celebrando en nuestra sede su XXXV Convivencia Nacional que presidió el Obispo de Huelva, Mons. José Vilaplana, y cuya bolsa de caridad le fue entregada a la Asociación local Nueva Vida.

Desde el cambio de sede canónica en la Parroquia de San Juan Bautista desde 1819, nuestros Sagrados Titulares ocuparon el altar del crucero de la Epístola hasta la reapertura de la Parroquia en noviembre de 1940 quedando entronizados en la Capilla del Santo Entierro, en la nave del Evangelio.

El Santísimo Cristo de la Buena Muerte, descansa durante todo el año en un inigualable retablo cerámico de urna, ejecutado por Enrique Orce, donde en su parte superior se abre el camarín de María Santísima de los Dolores, decorado con frescos pasionistas de Rafael Blas Rodríguez, afrontando esta Hermandad la reciente restauración de los mismos (Álvaro Domínguez, 2021).

La Santísima Virgen de los Dolores, por su estrecha y mantenida vinculación, fue elegida Patrona de la Policía Local de La Palma, quienes la escoltan en sus principales Cultos de Semana Santa y septiembre.

Han sido Hermanos Mayores de esta Corporación, desde la posguerra civil hasta hoy: Alfredo Rubio Ortega, Juan Castizo Pinto, Francisco Soldán López, Nazario Ramos Soriano, José González Sauer, Rafael Domínguez Rodríguez, Fernando Lepe Padilla, Emilio Sánchez Delgado, Antonio González Huelva, Juan Díaz Montes, Juan González Cepeda, Manuel Jesús Rodríguez Teba, Manuel Márquez Domínguez, José Martín Pinto Díaz, Juan Jesús Ramos Lagares y José Miguel Velázquez Ramos.          

Esta Hermandad Servita del Santo Entierro se rige por sus últimas Reglas aprobadas por el Obispo de Huelva el 22 de septiembre de 2017.