PASO DEL CRISTO

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El paso del Santísimo Cristo de la Buena Muerte es una obra de arte ejecutada entre los años 2006 y 2016 con los materiales más nobles y por las manos de artistas de reconocido prestigio e importancia en el oficio.
En julio de 2006 se firmaba el contrato de ejecución del nuevo paso procesional del Santísimo Cristo de la Buena Muerte, pasando toda una década hasta su conclusión. Diez años en los que La Palma ha visto crecer de la madera noble de cedro real una magistral obra de personalísimo estilo churrigueresco, diseñada y salida de las gubias del tallista sevillano Francisco J. Pineda García en su taller de la Plaza del Pelicano. Pero no ha sido éste el único nombre que ha quedado escrito en la historia propia del paso del Santo Entierro, pues han sido muchas las fases por las que ha pasado y muchos los artistas, siendo Sevilla la cuna de todos estos trabajos: desde el carpintero José Luis Morales Martín quien ejecutara el alma de la canastilla; el taller de “Manolo y Antonio Doradores” con el dorado de los seis candelabros de guardabrisas; “Orfebrería San Juan” donde se ejecutaron las coronitas que rematan los guardabrisas, el llamador donado por los hermanos costaleros y otros detalles en plata para las heráldicas de la canastilla; el dorado completo del paso en oro fino por el afamado David de Paz Encinas; los relieves escultóricos de los respiraderos y los cuatro ángeles pasionistas realizados por el imaginero Mariano Sánchez del Pino; así como la terminación de las esquinas y peanas para los ángeles por Alexis Sánchez Conde.
Además hay que señalar las labores de artesanía llevadas a cabo por el hermano Juan Manuel Bernal Pichardo con la ejecución de la nueva parihuela, la colaboración de las mujeres de la Hermandad en la realización de los nuevos faldones de terciopelo o la terminación de las maniguetas por el ebanista palmerino Antonio Gutiérrez Tabales.


El estilo: barroco churrigueresco.

El paso del Santísimo Cristo de la Buena Muerte es todo un exponente del arte sacro actual, tanto por la calidad del trabajo artístico que presenta como por la envergadura del mismo; siendo las dimensiones de su parihuela de 4,60 m x 2,30 m y contando con un total de 8 trabajaderas, es decir, para ser calzado por 40 hermanos costaleros.
El paso fue diseñado y ejecutado por el tallista Francisco J. Pineda García siguiendo el estilo churrigueresco, elegido por el propio autor tras conocer algunos de los enseres más destacados de la Hermandad, entre ellos la antigua corona rocalla de plata de la Santísima Virgen de los Dolores. El término churrigueresco proviene del apellido Churriguera, perteneciente a una familia de arquitectos barrocos cuya obra se caracterizó por presentar una recargada decoración. Por extensión, el término se ha utilizado para denominar el barroco español del primer tercio del siglo XVIII. Se entendían por churriguerescas todas aquellas obras que poseían un marcado movimiento y una abigarrada ornamentación, sobre todo la retablística. El prototipo era el retablo que realizó José Benito Churriguera para la iglesia del Convento de San Esteban, en Salamanca.
En nuestro paso procesional este estilo se refleja en la sobrecarga de elementos decorativos y en la profusión de formas lineales curvadas y retorcidas, siendo su diseño asimétrico. Los motivos vegetales de roleos, hojas de acanto y florales se intercalan con volutas y molduras, así como con la característica rocalla (motivos de rocas y veneras) propia del Rococó. Todo este entramado va a potenciar la ruptura de la horizontalidad de la superficie creando un fantástico juego de luces y sombras, de brillos y mates.

La descripción: iconografía y simbolismo.

El paso del Santísimo Cristo de la Buena Muerte se compone de candelabros, canastilla y respiraderos tallados. El juego de seis candelabros dan luz al misterio del traslado al sepulcro, estando situados en las esquinas y centro de los flancos, rodeando con la luz de sus 40 guardabrisas al conjunto escultórico del Santo Entierro.
La talla de la canastilla presenta una valiente línea de entrantes y salientes de gran movimiento y tridimensionalidad en la que se desarrolla un rico programa iconográfico basado en distintas heráldicas relacionadas con la propia Hermandad, todas doradas, estofadas, policromadas y enriquecidas con aplicaciones de orfebrería. En el frontal luce el escudo actual de la Hermandad con el corazón llameante traspasado por los siete puñales orlado por la corona de espinas y presentado sobre la cruz de San Juan. La trasera acoge la heráldica de la Confederación de Hermandades y Cofradías de la Soledad que testimonia los orígenes históricos de nuestra Corporación en su vinculación a la devoción de la Soledad de María, constando de la cruz desnuda con sudario elevada sobre la corona de espinas y los clavos pasionistas con la filacteria en la que se lee: “Stabat Mater”. En los laterales, el escudo de la Orden de los Siervos de María a la que pertenece nuestra Hermandad con las iniciales de Siervos de María “S” y “M” entrelazadas y coronadas por una presea sobre la que nacen siete azucenas que simbolizan a los Siete Santos Fundadores de la Orden Servita. El lateral contrario muestra la antigua heráldica de nuestra Hermandad: sobre las palmas que simbolizan el martirio, se abre el manto de armiño en forma de pabellón con la corona real, bajo la cual se sitúa la urna rematada por las tres cruces acogiendo la custodia sacramental y el corazón traspasado.
Los respiraderos, por su parte, despliegan bajo baquetón el más elevado compendio iconográfico del paso procesional. En estos respiraderos se insertan un total de ocho cartelas que albergan altorrelieves que recogen los siete Dolores de la Santísima Virgen más la Resurrección gloriosa de Cristo. Con estos motivos escultóricos se pretende narrar la vida de Cristo meditando en los Dolores de su Santísima Madre. En el frontal se presenta el sexto Dolor, María recibe en sus brazos el cuerpo de Jesús descendido de la cruz, recogiendo la iconografía de la Piedad con la que se representa a los Sagrados Titulares de esta Hermandad. En el lateral izquierdo se muestran las tres cartelas correspondientes a la infancia de Cristo, el primer, segundo y tercer Dolor que son: la profecía de Simeón en la Presentación del Niño Jesús, la huida a Egipto con Jesús y José, y la pérdida de Jesús en el Templo. En el opuesto lateral se aprecian los altorrelieves alusivos a la Pasión de Cristo, correspondientes con el cuarto, quinto y séptimo Dolor: el encuentro con Jesús con la cruz a cuestas camino del Calvario, la Crucifixión de Jesús y el Santo Entierro. Completando los pasajes de la vida de Cristo desde la perspectiva de los Dolores de su Madre, se cierra este programa iconográfico con la cartela trasera que recoge la Resurrección de Jesús, como misterio principal del cristianismo, que espera tras la Buena Muerte del Viernes Santo el glorioso despertar de la Resurrección.
En las esquinas del paso se colocan las imágenes de cuatro ángeles pasionistas todos mostrando actitudes de dolor y angustia con llanto en sus rostros, vistiendo ricos ropajes ornamentados con vistosos estofados y portando cada uno de ellos un pañuelo y los diferentes atributos del martirio: la corona de espinas, el flagelo, el martillo y las tenazas. Además, uno de ellos luce en su mano la medalla de plata del primer Juez de Paz del Condado, donada al Santísimo Cristo de la Buena Muerte en su LXXV Aniversario por la Familia García Muñiz.
Por último el llamador del paso es una pieza realizada en plata de ley y donada por la Cuadrilla de Costaleros al Santísimo Cristo de la Buena Muerte en el año 2013, como acción de gracias por su LXXV Aniversario. Este llamador de estilo barroco, presenta como motivo principal la hoja de acanto en cuyo extremo se alza un pilar sobre el que se recoge la figura alegórica del pelícano alimentando a sus crías, símbolo del amor de Cristo que da su vida por los hombres. A sus pies, aparece un ángel ataviado con un costal, en representación de los donantes de la obra, portando un medallón con el monograma JHS: Iesus Hominum Salvator (Jesús Hombre Salvador).

 
 
 
 
 
 

Fotos: J.D. González y Manuel V.